Dedo Verde, BHO y Hazlo Tú Mismo: ¿Quién es Bata Sativa, el Mejor Cultivador Argentino?

“Con una semilla puedo hacer un imperio”, afirma Sebastián B., más conocido como Bata Sativa y el mejor cultivador de Argentina, en entrevista con ElPlanteo.com.
Bata Sativa

Nota por Hernán Panessi publicada originalmente en El Planteo. Más artículos por El Planteo en High Times en Español.

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Cuando después de jugar a la pelota, comer un asado con amigos, pedir un postre y fumar un churro, aquella noche, de aquel lejano momento, el Bata probó “ese” porro, jamás pensó todo lo que vendría detrás. Todo lo que el destino tenía preparado para él y él, de puro obstinado, de puro convencido, de puro loco fue a buscar. “Yo puedo”, se dijo. Y él pudo.

Sebastián B., de 45 años, (casi) ingeniero y diseñador industrial especializado en estructuras y herrajes para arquitectura, de día es Bruce Wayne y de noche, Batman.

Sebastián B., de 45 años, papá de dos, fanático del basket, es también, dicen los que saben y los que no se montan en la misma, el mejor cultivador de la República Argentina.

Mano para el frío metal, mano para el dulce, dulce verde.

El primero

Bata, apodo que heredó de su padre (contracción de su apellido y referencia elíptica al tenista Batata Clerc), siempre fue ducho para el deporte. Jugando al basket pisó las canchas de Ferro, Deportivo Italiano, Comunicaciones y un largo, larguísimo etcétera.

Nunca se fumó un pucho pero, a los 15 años, a la salida de uno de esos tantos partidos, un amigo le ofreció un porro.

“Era un paraguayo y quedé tipo: ‘¿qué es esto? Me encantó’. Sentía que algo me estaba abrazando y la pasé muy bien”, recuerda.

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Así las cosas, comenzó a fumar cada tanto. Hace 30 años no era tan habitual conseguir porro, pero el destino ya estaba marcado.

El plot twist

Fue en el 2007, o tal vez en 2008, cuando Bata y sus amigos cumplieron una vez más con el ritual futbolístico semanal y con el post-partido amenizado con carne asada, pan, agua, vino y churrito.

En la esquina de la parrilla de siempre, con los mismos de siempre, mientras esperaban el flan con dulce de leche que masacrarían en segundos, uno de sus amigos les convidó un porro armado.

“’¿Esto qué es?’, le pregunté. ‘Lo planté yo, es una taradez’, me dijo. ‘Si este lo puede hacer, yo también’, pensé”.

Empezó con una semillita de paraguayo. Conoció grow shops, a gente que le pasó data. Hubo upgrade a cultivo de flores, semillas que compró por Internet. Un día quiso fumar sano y empezó a vaporizar. Jugó, tocó, aprendió, compartió. Se convirtió en multicampeón de copas cannábicas.

Y no paró nunca más.

El prestigio

Luego de arrasar en diversas competencias y de convertirse en jurado especializado, Bata mezcló su berretín por el diseño con su amor por el cannabis y comenzó a fabricar diversas máquinas.

¿La más alucinante? La de extracción de BHO.

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“En 2015 fui a una copa en Uruguay. Viajé con dos amigos y nos agarraron en la frontera. Me sacaron el porro, pero nos dejaron pasar. No me sacaron el extracto. Me lo llevé a la copa para fumarlo ahí y terminé saliendo segundo. El que salió primero, un brasilero, me mostró un circuito cerrado. ‘Con tiempo, yo también lo puedo hacer’, me dije”.

Y sigue, haciendo una pausa en su producción: “Desde el primer día que cultivé hasta hoy, pude haber tenido plagas, hongos, de todo, pero hasta el coquito más pedorro olía y sabía rico”.

Entretanto, gracias a su “dedo verdese ganó la aprobación de sus pares. Y llegaron los viajes a España, Chile, Uruguay, Perú, etc. “Mi porro trascendió las fronteras”, bromea. Así, su mito fue agigantándose.

—¿Te hacés cargo cuando te dicen que sos el mejor cultivador del país?

—¿El mejor? No, es imposible. El mejor no existe. Son gustos. Sí, me considero un excelente cultivador. Y eso lo tengo ganado porque, si probás mis flores, no hace falta que yo diga nada.

—¿Siempre te diste maña con el cultivo y la botánica?

—Nah, lo máximo que hice de chico era jugar en las plantas con los soldaditos. Mi vieja me puteaba porque le hacía trincheras y le agujereaba todo. Lo mío fue por necesidad. ‘Quiero fumar esto’ y me lo hice yo. Fue una necesidad total: tirarme a la pileta y ver qué onda.     Ver esta publicación en Instagram           

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Entre sus mentores, Bata destaca a El Chirri, un cultivador histórico de Buenos Aires. Y, desde ahí, fue formándose a pura relación, a puro intercambio. “Me compré un libro de cannabis y nunca lo leí, me aburre”.

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—¿Qué le recomendarías a alguien que quiere arrancar?

—Si tuviera que recomendar, les diría que lean, estudien y contrasten con los otros. Yo soy mandado. Fueron años de caminar, preguntándome y preguntando. Intercambiando. Si no hay algo de acción, algo que me ponga de toque a hacer, me aburre. Solo me ampara mi experiencia.

Do it yourself

“El extracto no se hace con lo que sobra. El extracto es lo mejor de lo mejor. Si tenés cosas malas, sacás mal extracto, de lo peor”, avisa.

Su idea fija: hacer una ganja y un extracto de la ostia.

En 2012, rancheando en un grow shop, un tipo le ofreció algo que, de aspecto, se veía raro, atípico, distinto. “¿Querés probar? Es metanfetamina”, le dijo. “¡Ni en pedo!, respondió Bata. “’Nah, esto es BHO, un extracto de marihuana con butano’, me contó –sonriendo- aquel tipo. Lo fumé y quedé loco cuatro horas”.

Tiempo después, en 2014, unos chilenos cayeron al grow de su mentor, El Chirri, con un tubito de acero. Era BHO. “Ahí me voló la cabeza”.

Y una vez más –obstinado, convencido, loco- dijo: “Yo puedo hacerlo”.

Fue como una tromba a su fábrica, agarró unos tubos, los procesó y, de forma intuitiva, empezó a soñar con su propia máquina de BHO.

Pero fue en 2015, en medio de una copa cannábica, cuando un referente en extracción le contó al dedillo algunos secretos. “El BHO es la más jodida de todas: podés volar todo a la mierda”, le advirtió.

¿A que no adivinan qué hizo Bata?

¡Exacto! El auto es suyo: con el espíritu “hazlo tú mismo” de siempre, diseñó su propia máquina de extracción. Y no solo lo hizo bien (no, no voló nada), sino que su creación está a la altura de todo el material conseguible en Estados Unidos y en las grandes potencias cannábicas.

La complejidad del BHO

El extracto de BHO es el más complejo, el más puro y, también, el que más pega.

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La explicación, en poco más que un tuit, en boca del Bata: “La marihuana, como los tricomas y los terpenos, tiene una polaridad. Tiene negativo y positivo. El butano es un solvente, que separa esos tricomas y terpenos de la materia vegetal. El butano es apolar. Esos iones empiezan a viajar de un lado a otro y generan una nueva solución, que para separarla lleva un proceso de destilación complejo. El solvente arrastra y nunca se mezcla con la marihuana”.

¿Y cuánto tiempo te lleva hacer una extracción de BHO?

—Antes me llevaba cinco horas. Ahora, una.

Con el fluir de los ensayos, Bata fue especializándose en olores y sabores. Y llegó a un nivel de detalle en el que, como una especie de sommelier, identifica texturas y construye momentos nítidos.

De hecho, los viernes organiza un asado entre distintos referentes y personajes del mundo cannábico. “Desde cultivadores a gente que no tiene nada que ver con el porro”, detalla. Allí, entre carne asada, pan, agua, vino y churrito, comparte este conocimiento, regala esta experiencia.

De ese momento de ocio emergió El Club de los Viernes, una especie de programa online, tipo Almorzando con Mirtha Legrand, en el que los diversos comensales cuentan historias, mientras alguien cocina y otros juegan al ping-pong.

“Mi porro abre puertas. Eso es alucinante, yo no puedo negarlo. El porro te hace conocer gente de todo tipo”.

El futuro

Para sus próximos años, Bata planea dejar su costado de ingeniero y diseñador industrial para dedicarse a Grasscann, su compañía, que dirige junto a varios socios.

Emplazada en Uruguay, Grasscann (Grupo Americano de Servicios Cannábicos) es una empresa de servicios especializados con base tecnológica que, según afirman en su sitio web, aporta valor y competitividad a la industria de la salud cannábica.

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Con un pie en los servicios institucionales, otro en el área regulatoria y otro en los cultivos (“Tenemos 18.000 plantas de CBD y exportamos a Suiza”), Grasscann es el proyecto que lo tiene enamorado.

“Soy un loco manija, un decidido. Si algo me gusta, voy para adelante”.

—¿Qué te gustaría que pase con Grasscann?

—Estoy apuntando a cambiar de profesión. Mi idea es estar en La Pedrera con un dron mirando los cultivos de Canelones y fumando un porro. No quiero más una PyME, estoy volviéndome loco. Si todo esto no funciona, voy a ser el viejito copado que vive en la playa y vende porro rico.

—¿Por qué vas a cambiar de profesión?

—Porque llegué a todo lo que podía llegar y ya no me divierte más. Me mueve el cannabis, que va a explotar: no se puede tapar el sol con la mano. Es una industria autorenovable: si planto un caño, no crece de nuevo; y con una semilla puedo hacer un imperio.

Fotos cortesía de Bata Sativa

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